El cambio climático está provocando un aumento de las temperaturas y una mayor frecuencia de episodios meteorológicos extremos. Estas condiciones pueden afectar al estado, el funcionamiento y la vida útil de las cubiertas de los edificios.
Las temperaturas elevadas y los cambios bruscos de temperatura pueden provocar dilataciones y contracciones de los materiales, favoreciendo la aparición de fisuras, deformaciones y un envejecimiento más rápido de las impermeabilizaciones.
Por otro lado, las lluvias intensas pueden poner a prueba los sistemas de drenaje. Cuando se concentra una gran cantidad de agua en poco tiempo, pueden producirse acumulaciones, humedades y filtraciones si la cubierta o sus elementos de evacuación no se encuentran en buenas condiciones.
También pueden aumentar los episodios de viento fuerte, tormentas o granizo, que pueden ocasionar daños en los elementos de cobertura y en otros componentes expuestos.
Por este motivo, el mantenimiento y las revisiones periódicas son cada vez más importantes. Una cubierta bien conservada y adaptada a las nuevas condiciones climáticas permite prevenir problemas, alargar su vida útil y reducir los costes de reparación.